viernes, 1 de abril de 2011

Bachata

Dentro del ambiente de la música caribeña, el merengue ha jugado siempre un papel preponderante. Algunos lo consideran, no sin razón, el baile nacional dominicano, el folclore nacional. Su tono alegre y desenfadado es lo que más suena, durante las 24 horas del día, en las radios del país.

El segundo o tercer puesto, salsa mediante, en un imaginario ranking de popularidad, se le podría adjudicar a la bachata, un ritmo híbrido del bolero, con algunas influencias de origen africano y otros estilos como el merengue citado, el cha-cha-cha, el son y el tango.

Desdeñada hasta un pasado reciente, esta música se consideró propia de las clases populares, y llegó a definirse como “música de amargados”, que no habrá en el mundo mayor infamia y baldón para una música. No obstante, el interés por la bachata surgió en los años 80, con el esfuerzo de algunos compositores dominicanos que vieron en ella el nacimiento de un nuevo género, aportando una visión diferente a la que articulaba esta expresión musical con lo urbano y de bajo estrato social. La expansión de los medios masivos de comunicación y el auge del turismo hicieron el resto.

La bachata reproduce el mismo espíritu melancólico, nostálgico y de animosidad amorosa de otras expresiones musicales latinoamericanas, como el tango de los barrios porteños de Buenos Aires, combinando pasión, amor y desamor, con la nostalgia del migrante.

Haciendo clic en la flechita de más abajo se puede escuchar
Obsesión, la bachata de mayor éxito internacional del grupo dominicano Aventura.



Etimológicamente, la palabra bachata tiene un origen africano para designar la juerga, el jolgorio y la parranda. Algunos vislumbran un antecedente español en el fandango. Con estos datos, no es de extrañar que se la hubiera considerado como una forma de recreación popular, una fiesta que se realizaba en cualquier patio, bajo la sombra de un árbol callejero o en una esquina cualquiera.

La mención más antigua sobre la bachata aparece en un documento de 1922 referido a los hombres del poblado de Sabaneta, que dice así: “encuentran en el pueblo todo lo que puede halagar sus vicios y apetitos mal contenidos: peleas de gallos, golosinas y ron. Pero lo que más les encanta y atrae es la bachata, de guitarras y cantos y boleros. Allá están largas horas, entre trago y trago, sin preocuparse para nada de la heterogeneidad social del conjunto, ni del hálito asfixiante con que el polvo y el sudor enrarecen el ambiente, ni de la forma incivil con que se arrebatan unos a otros las bailadoras, hasta que, muy entrada la noche, vuelven achispados al hogar”.

Nada raro que, inmersos en tamaña batahola, se olviden por completo de heterogeneidades, hálitos y formas otras que no sean las curvas de las atractivas bailadoras.

¡Tiempos pasados que no volverán!


IMAGEN: Fragmento del cuadro "Bachata", acrílico sobre tela de la pintora ecuatoriana Paulina Altuna, hoy residente en Suiza.

sábado, 19 de marzo de 2011

Las jorobadas ballenas de Samaná

Esta entrada se la dedico a José María, a Jacques y a Heiko,
compañeros de viaje en tan singular aventura.

Vamos a suponer, por suponer algo, que lo que se ve en la foto sea el lomo de una ballena jorobada. Eso es todo lo que vimos de las ballenas de Samaná.

Según la agencia de viajes, se trata de “una de las excursiones más bellas que existen en la República Dominicana”,  “un espectáculo sorprendente”, “unas 3.000 ballenas jorobadas “, “impresionante cuando los machos de 40 toneladas saltan arriba el agua y caen abajo unos metros adelante”… ¡Ah! Y acompañados de un “biólogo marino”. En fin, todo esto más el transporte, la navegación y un almuerzo típico dominicano por 75 dólares USA. ¡Una ganga!

Las fotos de la web de la agencia muestran un enorme macho con todo su cuerpo fuera del agua, o casi. En otra, un grupo de gente fotografiando una ballena desde la borda del barco, prácticamente encima del animal, sin la tortura del chaleco salvavidas (la gente; la ballena no necesita chaleco).

Llegamos a Samaná tan ricamente en una van aceptable, aire acondicionado imprescindible, excelente chofer y carretera nuevecita, circulando entre un suave paisaje vegetal que me recordaba alguna ruta paraguaya –ya saben, mi destino anterior–, tal vez por aquello de los trópicos: la República Dominicana muy próxima al de Cáncer, y Paraguay sobre el de Capricornio.

A bordo del barco, un moderno monocasco en fibra de vidrio, nos esperaba el biólogo marino que, luego de informarnos de que llevaba 18 años en la tarea, nos explicó los primeros detalles sobre las ballenas jorobadas que habíamos ido a observar, mamíferos que un día abandonaron tierra firme para adentrarse en el mar. El hambre, dijo él, o tal vez el problema de la vivienda, sospecho yo.

No obstante sus casi dos décadas de experiencia, el hombre consultaba una manoseada libretita amarilla de rayas antes de cada explicación. Nos contó que la ballena hembra no abandona jamás a su “pichón”. Alguien sugirió “¡ballenato!”, con lo que el sospechoso biólogo marino aclaró sin ruborizarse: “ballenato o pichón”. Y continúo tan campante su incierto speech.

Me había imaginado que 3.000 ballenas, como anunciaba la publicidad, eran muchas ballenas y que nuestro barco tendría que navegar con un par de marineros a proa, provistos de bicheros, para abrirse paso entre tanto animal. Craso error. Bajo un sol de justicia y fotoprotector del 50, durante más de una hora a rumbo nordeste, solo agua. Eso sí, azul turquesa de ensueño, para goce y deleite de nuestros sentidos. Nada de ballenas ni de machos saltando “arriba el agua”, como en el prometido espectáculo. Solo una pequeña flota de barquitos repletos de ilusión en su viaje a la quimera.

En el horizonte –a las 11 del reloj con referencia a la proa– algo más de media docena de embarcaciones en el lugar donde estaban las ballenas, según informó nuestro biólogo. La entrada al santuario debe hacerse con cierto orden porque solo pueden permanecer allí, simultáneamente, tres buques alejados un mínimo de 70 metros de la ballena y su ballenato, por un tiempo máximo de media hora, para no estresar a los animalitos.

Empecé a hacer fotos como un loco a toda espumilla blanca que pudiera anunciar la súbita aparición del elusivo “centáceo” –biólogo marino dixit–. A los 15 minutos de dejarme los ojos sobre el mar, enrojecidos de tanto no ver nada, la autoridad medioambiental decidió que se acabó la función –y la decepción y los 75 dólares– porque había muchos barcos esperando. Y nos fuimos.

Nos fuimos a Cayo Levantado donde un delicioso pescado frito y un “coco loco” fresquito y dosificado, nos hicieron olvidar el fracaso definitivo de nuestro aventura Moby Dick style.

La próxima vez me compraré un DVD de la National Geographic. No necesitan protector solar.


IMAGEN: La "yubarta" es conocida vulgarmente como "ballena jorobada" por arquear el lomo antes de sumergirse. Durante la época de reproducción, los machos vocalizan "canciones" para cortejar a las hembras y rivalizar con sus competidores. Quien mejor cante una bachata ¡premio!

sábado, 5 de marzo de 2011

Diálogos para besugos

El besugo es un pez teleósteo acantopterigio y, bien a su pesar, muy rico cocinado al horno. En su segunda acepción, el diccionario de la RAE define al besugo como "persona torpe y necia".

Diálogos para besugos fue, durante muchos años, desde 1951, una sección del humorista Matías Guiu en los comics de la época, que entonces llamábamos tebeos. Copio de muestra las primeras líneas de uno de aquellos diálogos ciertamente imposibles, de un humor irracional y estrambótico, excéntrico y estrafalario:


Buenos días

Buenas tardes
¿Cómo está usted?
Mi mujer, bien
Y el gato, ¿ya se fue?
No, ahora casi no ve la televisión
¿Le han puesto gafas?
Sí, aunque no las necesitaba
Estos jóvenes...


Los tiempos cambian, y ahora los diálogos para besugos surgen, espontáneos, al primer intento de recibir una explicación razonable a través de uno de esos call center de tortura y desatención al usuario de un servicio cualquiera.
Les ofrezco uno reciente, real como la vida misma:


Iberia, líneas aéreas de España. Buenos días.

Hola, buenos días. Mire, tengo un billete de regreso a Madrid para el 1 de abril y lo quería cambiar para el 14.
Muy bien. Sabe que el cambio de fecha tiene un costo de 150 euros, ¿verdad?...
No, no lo sabía… La última vez eran 100 euros.
Sí, pero ahora son 150. Vamos a ver… Le estoy mirando el cambio para el jueves 14… No, lo siento, para el 14 no puede ser. Usted tiene un billete tarifa P válido por tres meses y expira el 9 de abril.
¡Vaya por Dios! Pues cámbiemelo para el mismo 9.
Un momento… Es que el 9 no hay plazas. La primera fecha disponible es el 10.
Bueno, pues para el 10 entonces.
Sí, señor, pero el 10 tiene otro precio, porque su billete caduca el 9, como le digo. Para el 10 tendría que abonar una tarifa de seis meses de validez que le saldría por… A ver… Sí, le saldría por 1.241 euros exactamente.
¡Cómoooooo! Bueno, supongo que de ahí me deducirían el precio que ya pagué, unos 850 euros, creo... ida y vuelta.
No, señor, tiene que abonar la tarifa completa. La que usted posee actualmente ya no tendrá validez el día 10 porque finaliza el 9, como le he explicado.
Vale, pero, si no disponen de plaza para el 9, yo no tengo la culpa. He pagado un regreso a España hace meses y ahora me dice que, por un día, por solamente un día de diferencia debido a que Iberia no tiene plaza, me va a cobrar 1.241 euros…
Así es, señor, son las tarifas. No obstante, podría usted viajar el 14 de abril, como desea, cambiando a primera clase. Ahora mismo tenemos una oferta.
¡Ah! ¿Si?... ¡Qué interesante!...
Sí, señor, con la oferta le saldría a 2.569 euros, ida y vuelta.


IMAGEN: Arriba, cabecera del TBO, un cómic español (1917-1998) que dio origen al término "tebeo", incluido en el diccionario de la RAE . En el centro, sin comentarios... Mejor haga click sobre este enlace y disfrute con las ballenas de Samaná. Más inteligentes... pero difíciles de ver.

sábado, 19 de febrero de 2011

Manual de química

Si cuando te encuentras frente a una persona del sexo contrario sientes como si tuvieras mariposas en el estómago, te tiemblan las manos, no sabes qué decir, te ruborizas como un colegial, tartamudeas y te ríes por nada… no hay duda de que has encontrado tu media naranja. En otras palabras: te has enamorado.

Estos síntomas son las consecuencias de complejas reacciones químicas del organismo, que tienen su origen en fundamentos físicos y sicológicos. Antes de que una persona se fije en otra, ya dispone de un molde completo de circuitos cerebrales que determina los rasgos esenciales de la persona a quien amar, un mapa mental construido en nuestra niñez a partir de experiencias, hechos fortuitos, asociaciones con miembros de nuestra familia, amigos, etc.

Cuando encontramos a la persona deseada, se dispara la señal de alarma y nuestro organismo entra en ebullición. Se producen descargas eléctricas en nuestras neuronas, y andanadas hormonales que disparan la producción de sustancias químicas como la dopamina, norepinefrina y serotonina. El hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas suprarrenales para que aumenten los niveles de adrenalina y noradrenalina, neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas.

Sus efectos se hacen notar al instante: el corazón late más deprisa, sube la presión arterial, se liberan grasas y azúcares para aumentar la capacidad muscular y se generan más glóbulos rojos, con el fin de mejorar el transporte de oxígeno en la sangre. Todo ello desencadena una especie de “imbecilidad transitoria” -en palabras de Ortega y Gasset- que convierte lo racional en irracional, la serenidad en nerviosismo y la prudencia en torpeza.

Pero nada es eterno. El estado de enamoramiento perdura entre dos y tres años.  A veces, algo más. Con el tiempo, el organismo se va haciendo resistente a todas estas substancias y la atracción bioquímica decae. Comienza entonces una segunda fase con la presencia de otro tipo de compuestos químicos como las endorfinas, de estructura similar a la de la morfina y otros opiáceos, que confieren al sujeto la sensación de seguridad, paz y comodidad, dando lugar a lo que se ha llamado la etapa del apego.

En los recién casados se produce una gran cantidad de oxitocinas, responsables del amor pasional y el entusiasmo sexual. El cerebro envía una señal a la hipófisis provocando la liberación de hormonas eróticas, estrógenos y progesterona, por ejemplo. La glándula del timo segrega timina en mayor cantidad, la sangre se alborota y se acumula en puntos sensibles que facilitan la excitación.

Una relación sentimental donde el factor pasional es preponderante puede durar entre 90 y 180 días como máximo. Tras la disminución de la feniletilamina, de la familia de las anfetaminas, las personas se sienten cada vez menos enamoradas. Cuando la relación de pareja se rompe, el cuerpo experimenta una especie de síndrome de abstinencia, coincidente con el ansia de comer chocolate, rico en feniletilamina, que padece mucha gente frustrada.

Sin embargo, si queremos conservar a quien ha provocado que nos comportemos y sintamos de manera diferente, es necesario buscar formas imaginativas de convivencia, y luchar para que el proceso deje de ser meramente químico. Sin manual.


IMAGEN: "El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta hay que tirar el bote y empezar uno nuevo". (Jardiel Poncela)

sábado, 5 de febrero de 2011

Leyendas dominicanas: Brujas

A veces estacionan sus escobas en lo más alto de la torre Washington, en el malecón, y se sientan a descansar un ratito escuchando el rumor del mar, que dicen que relaja mucho. Luego continúan viaje hacia Jarabacoa y otros valles de la región montañosa de La Vega, donde se reúnen de noche con sus colegas, bajo las matas de plátano de los conucos, a concebir maldades para los días siguientes.

En la oscuridad sin nubes, con un chin de suerte, podremos verlas cruzar  -sombra azabache-  por delante de la luna llena. Son las brujas.

Dice el mito que llegaron con los colonizadores, como una indeseada herencia que aún conserva los ecos de las creencias medievales de la Europa arcaica. Son seres de la noche, mujeres envejecidas y tétricas, sombrías y lúgubres.

Como en la rancia tradición, se desplazan en escobas, precursoras de los vuelos de bajo costo. Hay quien asegura que se quitan la piel y la ponen en remojo en una tinaja, antes de iniciar el vuelo, al grito de “¡sin Dios ni Santa María!”, una suerte de ábrete sésamo para acceder a las fuerzas más oscuras.

Mientras surcan las tinieblas, se escuchan sus espeluznantes carcajadas y destempladas salmodias, cuando no resoplan al viento un áspero y hosco foo foo foo con el que ahuyentan a quienes las descubren.

Pueden convertirse en negros pajarracos de mal agüero que revolotean sobre las casas emitiendo graznidos pavorosos, anunciando una muerte, una enfermedad o un daño irremediable e inmediato.

Las brujas dominicanas succionan la sangre de los recién nacidos sin bautizar, extrayéndola del ombligo o del dedo gordo del pie, a través del peciolo hueco de una hoja de higuereta o de lechosa; es decir, de ricino o de papaya en el español común. Para evitar esta desgracia, se les coloca a los neonatos una cintita roja con un amuleto en forma de mano empuñada de color negro que, según la sabiduría popular, les protege contra la brujería. Se cree que no atacan a los hijos de sus compadres ni a los mellizos ni gemelos.

Se espanta a las brujas colocando una testa de escoba cerca del techo, sobre la puerta de la casa, o dispersando granos de sal, mostaza y ajonjolí.  Temen especialmente a la sal que, por volar sin piel, escuece horriblemente sobre la carne viva y les inmoviliza las articulaciones.

Tumbar una bruja es trabajo de los tumbadores, personas con cierto poder que conocen los rituales necesarios. Cuando se atrapa a una hay que inmovilizarla hasta el amanecer. Con el sol, el encantamiento se rompe y puede descubrirse la identidad real de la maligna mujer.

En los más atroces tiempos del cristianismo europeo, la Congregación del Santo Oficio (Papa Pablo III, 1542) se llevó por delante a científicos, aristócratas, villanos, desgraciados, piltrafillas, herejes de variada calaña y a cualquiera que no acatase los principios de la santa madre iglesia. Pero, a mi entender, la candidata perfecta a la hoguera fue la bruja, por su bajo perfil y el repudio y temor de toda la comunidad, adornada con una tenebrosa y satánica vida, según los cánones de la época.

Los tiempos han cambiado y, en cualquier lugar del país, ahora, las brujas modernas echan las cartas y leen naipes, manos, bolas de cristal, posos de café y huesos de gallina, y aseguran tener comunicación con personas fallecidas, con santos o con el mismísimo diablo.

Cuando llueve y hace sol dicen que en algún lugar escondido se está casando una bruja.


IMAGEN: Espantabrujas colocado entre el techo y el marco superior de la puerta de la vivienda a proteger.

viernes, 21 de enero de 2011

Estupidiario

“Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además, también lo son la mitad de los que no lo parecen.” (Quevedo)

Para ser una celebridad no se exige un coeficiente intelectual mínimo ni conocimientos de economía, lógica, aritmética o geodesia.

Dispuestos en todo momento a alegrarnos el telediario con alguna majadería, la tropa del famoseo no calla ni debajo del agua. Después de tantos siglos de ingeniería evolutiva, el talento se ha licuado en la sopa iletrada de la memez de esta gente. Si los tontos de antaño reparaban relojes, los de hogaño salen en Hola, promocionándolos.

Aquí dejo constancia de una docena de frases estúpidas que se escucharon en 2010, cosechadas en huertos de hemeroteca. Algunas duelen, otras espantan, la mayoría da pena o induce a la risa, según se mire. En todas, la inteligencia se declaró en huelga.

Las breves apostillas son mías; del recolector.

Cristina Aguilera: “¿Alguien sabe dónde se celebrará el festival de Cannes de este año?". Casi seguro que en Cannes, geógrafa.

Arnold Schwarzenegger: "Creo que el matrimonio homosexual es algo que debería darse entre un hombre y una mujer". Parece que el clembuterol también afecta al cerebro.

Mariah Carey: “Siempre que veo en la tele esos pobres niños hambrientos de todo el mundo, no puedo evitar llorar. Me gustaría ser así de flaquita, pero no con esas moscas y muertes y esas cosas”. Sin comentarios.


Brooke Shields: “El fumar mata y, si te mueres, has perdido una parte muy importante de tu vida”. De paso dejas de fumar definitivamente.


Shakira: “Voy a viajar a Roma, porque es la tierra donde nació Nuestro Señor Jesucristo”. Y en Belén, los Monty Python.


Bibiana Aído: “A todos los miembros y miembras”. Interesantísima aportación al diccionario de la RAE.


Sofía Mazagatos: “Todavía no he encontrado la hormona de mi zapato”. Cuestión de seguir buscando.


Terelu Campos: “La aspirina fluorescente es más rápida y eficaz”. Además, no se necesita prender la luz para encontrarla.

Kate Moss: “Les puedo adelantar que es un país brasileño que no queda muy lejos de aquí”. Le habían preguntado dónde sería su próxima pasarela.


David Beckham: “Quiero que mi hijo Brooklyn sea cristianizado, pero no sé todavía a qué religión”. Algunas sugerencias: arrianismo, gnosticismo, montanismo, eutiquianismo, pelagianismo, maniqueísmo…


Greg Norman: “Debo todo a mis padres, especialmente a mi padre y a mi madre”. Las deudas en familia son más llevaderas.


José Luis Rodríguez Zapatero: “Este gobierno ha sido el que más ha acertado en sus previsiones". Tales como el paro, los impuestos, las pensiones, el IPC, la edad de jubilación, el incremento del precio del gas, de la electricidad, del transporte público… ¡Atrabiliario adivino!


Moraleja: Más vale estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y despejar dudas.



IMÁGENES: Arriba, Bart, de la serie Los Simpsons, ante una inteligente decisión. En el centro, Sofía Mazagatos, bella modelo española.

jueves, 6 de enero de 2011

Reyes Magos

Durante las breves vacaciones de Navidad que disfruté en Tailandia con mi familia, quiso el azar que coincidiéramos en el hotel de Bangkok con los mismísimos Reyes Magos de Oriente.

Gente sencilla en lo grande y grande en lo sencillo, no me fue difícil acercarme a ellos mientras nos movíamos por el restaurante en ese incesante ir y venir al bufé, a recargar el plato.

Quise agradecerles tantos lápices de colores, tantos cuadernos para pintar y tantas arquitecturas  -aquellas maderitas coloreadas con las que construíamos cualquier cosa-  que, cada 6 de enero, año tras año, me dejaban en el caserío de mi abuelo. Nunca conseguí verlos. Tan ocupados en aquella noche mágica, siempre acababan de irse cuando yo llegaba en busca de mis tesoros. La buena suerte me indemniza con creces ahora de aquellas pequeñas frustraciones.

Sus reales pajes y la austera seguridad del hotel me permitieron, a sugerencia de los Magos, sentarme junto a ellos para disfrutar de una inusual conversación.

Cada año tienen más dificultades para complacer a los niños. Les hizo mucha gracia lo de mis maderitas, y me contaron que ya no recuerdan cuándo se las pidieron por última vez. Ahora todo son nintendos y consolas y laser-pistola espacial y mucho gameboy… Un problema con las pilas. La crisis está afectando a los fabricantes de estos artilugios quienes, para ahorrar en costos, ya no las proporcionan. Ellos, los Magos, no pueden responsabilizarse de tanta batería por los riesgos medioambientales que conlleva su transporte. Sugieren a los papás que se hagan con una buena provisión y con un destornillador de estrella para abrir y cerrar la tapa del rediseñado alojamiento.

Dicen que hay mucha competencia. Entre el barrigudo de rojo, el Esteru en Cantabria, el Olentzero en el País Vasco, el Tió en Cataluña, el Apalpador en Galicia y otros menos conocidos, la demanda de juguetes crece sin cesar y, claro, los fabricantes que les surten aumentan los precios cuanto pueden.

Pregunto por el barrigudo de rojo. Se trata, como suponía, de Papá Noel, Santa Claus, Viejito Pascuero, Colacho o San Nicolás, que con todos estos nombres y alguno más se le conoce por ahí. Cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Amsterdam, hoy Nueva York, llevaron allá el mito de Sinterklaas que la burda pronunciación angloparlante convirtió en Santa Claus y que, con el tiempo, derivó en el bodrio sociocultural y memo de Santa, a secas.

Este año tienen otra preocupación adicional. Las catástrofes naturales que se cebaron con nuestro planeta en 2010, han dejado a cientos de miles de niños sin familia y sin modo de hacer llegar sus esperanzas a los Magos. Los Reyes trabajaban duro en aquellos días de Bangkok para no dejar a ningún infante sin su dosis de cariño, sin su pedacito de ilusión y fantasía. Espero que lo hayan conseguido con el apoyo y la generosidad de todos nosotros, y que las sonrisas hayan vuelto, al menos por un día, a los rostros inocentes de Haití, China, Rusia, Pakistán… y de tantos otros lugares donde nos necesitan con urgencia.

Me despido de Sus Majestades. Ellos son los artífices de darle marcha atrás al tiempo y hacernos retornar a los días en que era tan fácil ser feliz que bastaba con desearlo.

Con un truco elemental, querido Watson: el pequeño milagro de la ilusión.


IMAGEN: Bailadoras de tumbe en Arica. Durante la colonización española, la festividad de los Reyes Magos era día de asueto para los esclavos negros, quienes salían a las calles a bailar al ritmo de sus tambores. Esta celebración dio origen a la "Pascua de los Negros" que se celebra aún en algunas comunidades afroamericanas y caribes.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Navidad

Un ángel se apareció a José y le dijo: “María dará a luz un niño y le llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1: 21).

“Jesús nació en Belén de Judea” (Mateo 2: 1). “Le envolvieron en pañales y le acostaron en un pesebre, porque no había lugar en la posada” (Lucas 2: 7).

“El pueblo, que andaba a oscuras, vio una luz grande. A los que habitaban en tierra de sombras, la luz les resplandeció. Se acrecentó el regocijo y la alegría por la llegada del salvador”. (Isaías 9: 2-3).

Exactamente eso es lo que estamos celebrando… o deberíamos celebrar: el nacimiento de un hombre que vino al mundo a dar su vida por el perdón de los que no saben lo que hacen y de los que sí lo saben.

Pero la realidad, obstinada, semeja haber superado nuestro símbolo de la Navidad  −el Niño Jesús−  para ponernos en manos de un personaje barrigudo, disfrazado con un grotesco traje rojo y una enorme barba blanca, postiza por más señas. ¿Alrededor?... Lucecitas de colores formando estrellas y trineos e iluminando arbolitos nunca vistos por estas latitudes tropicales.


Comerciantes haciendo estragos con el dinero de las regalías: “Ven a celebrar la Navidad comprando en […]”. Póngase aquí el nombre de cualquier calle peatonal o del
mall que se desee. Otro propone: “¡Pídele a Santa! Mi lista para Santa en esta mágica Navidad” y a continuación, la hoja se llena de líneas horizontales para que el nene o la nena escriba, sin torcerse, su inventario de caprichos.

Un popular diario publica un suplemento
Especial Navidad.  Entre páginas y páginas de anuncios invitando al consumo, se felicita porque llegaron los cuartos, sugiere cómo decorar los espacios según las últimas tendencias, nos propone una mesa esplendorosa y hasta un menú a base de platos dominicanos. Asegura que “la Navidad se llena de emoción brindando con […] el auténtico sabor de la Navidad” o con un amaretto di amore, como broche de oro, nada menos.

No falta una tienda de repuestos (?) que “puede hacer la diferencia irradiando bondad, paz y amor en esta época”; un arroz que “alimenta tu espíritu navideño” o unas fiestas con internet “a doble velocidad”. La publicación dogmatiza con alborozo: “¡Santa y los Reyes existen!” y termina con media paginita izquierda dedicada a los 150km de recorrido de Nazaret a Belén, lamentando el conflicto bélico que los separa.


Ni alusión, ni atisbo, ni referencia a una fiesta profundamente enraizada en la religión y en la ética, en esa dimensión social del amor, la compasión y la piedad, como valores inequívocos de nuestra condición humana.


Mientras, ahí al lado, cientos de haitianos mueren de cólera, indiferencia y olvido.



IMAGEN: Belén en barro. Artesanía paraguaya. Museo del Barro, Asunción. (Foto FG)

sábado, 11 de diciembre de 2010

El quinto sabor

¿Se puede describir el sabor de una sopa de algas o de un sukiyaki o, simplemente, de la salsa de soja? Por más que una persona entrenada pueda llegar a percibir decenas de sabores distintos, todos ellos son, en realidad, combinaciones de cuatro sabores básicos: amargo, salado, agrio y dulce, del mismo modo que los colores que vemos no son sino combinaciones de tres colores elementales.

Se considera que los sabores dulce y amargo cumplen cometidos muy distintos. La función del dulce es identificar una fuente de calorías en los alimentos, mientras que el amargo ejerce como
sensor de alarma para substancias potencialmente tóxicas.

Cuando el sabor amargo se percibe con gran intensidad, puede llegar a provocar el rechazo de la comida. Por el contrario, el organismo reclamará alimentos dulces en situaciones en las que peligre el suministro energético. Esta especie de
sabiduría del paladar explica que las preferencias gustativas de un individuo pueden modificarse de acuerdo con las necesidades de su organismo, ante situaciones diferentes.

En paralelo con el incremento de popularidad de la cocina asiática, la ciencia se ha visto también impregnada de aromas orientales, al incluir entre el tradicional cuarteto –amargo, salado, agrio y dulce– un quinto elemento: el
umami. Aceptado recientemente como un nuevo sabor básico, su descubrimiento se remonta a principios del siglo XX, cuando el científico japonés Kikunae Ikeda, atraído por el sabor de las algas marinas, logró aislar la molécula responsable.

Percibir el nuevo sabor es, para quienes no lo conocen, casi tan difícil como describirlo:
“Un paladar atento –explicaba Ikeda– notará una sensación que no podrá catalogar en el marco de los cuatro sabores clásicos”.

Realmente, lo que descubrió este hombre fue el glutamato, sin cuya aportación no sería posible percibir el nuevo sabor. Distinguir el
umami requiere mucha práctica. No se trata de comprar un paquete de ajinomoto y sazonar los alimentos sin ningún control. El glutamato monosódico es un receptor gustativo que debe ser utilizado con sabiduría. Los pescados, carnes, verduras y legumbres mejoran con la adición de este producto pero, en cambio, en lácteos, cereales y postres acontece todo lo contrario.

Definitivamente, un sancocho dominicano es siempre un valor –y un sabor– seguro. Sin aditivos.



IMAGEN: Platos de la cocina oriental. La mayor parte de los datos utilizados en la entrada de hoy los he obtenido de la revista Science y de algunas páginas web relacionadas con el glutamato y la cocina.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La garita del diablo

Cuando los hombres descubrieron que podían viajar sobre las aguas, se hicieron navegantes. Cuando otros hombres se dieron cuenta de que podían asaltar los barcos de esos navegantes,
se volvieron piratas y corsarios, temidas huestes armadas que acabaron ambicionando cualquier territorio a su alcance.

Durante los siglos XVI y XVII, las plazas costeras del Caribe se fortificaron, aprestándose para su defensa. Las costas se poblaron de castillos y baluartes y, de trecho en trecho, se construyeron garitas estratégicamente situadas, desde donde los soldados vigilaban el horizonte día y noche, atentos a cualquier señal de peligro que llegase desde el mar.

Durante las horas de oscuridad, las rondas de guardia interrumpían cada tanto el descanso de los pobladores: “¡Centinela alerta!” gritaba el primero; “¡Alerta está!” respondía el siguiente. Así, de una garita a otra, hasta completar la última, dispuestos para iniciar la siguiente ronda con militar contundencia.

La noche de este relato, Juan, uno de los centinelas, no respondió. Su garita estaba situada al final de la línea de defensa, sobre un profundo acantilado, en el extremo de la bahía. El miedo se apoderó de los hombres, temiendo por la vida de su compañero y por la suya propia.

Con los primeros rayos de sol descubrieron, desparramados en el suelo de la garita muda, el fusil, la cartuchera y el uniforme de Juan, sin rastro del soldado. Pasando los días y a falta de una explicación mejor, se corrió la voz supersticiosa de que un demonio se había llevado su cuerpo por los aires.

Desde entonces, a la garita sobre el acantilado se la conoce como “la garita del diablo”.

La verdadera historia es bien distinta. Nada tuvo que ver el diablo con la desaparición de Juan, valiente y leal soldado español que tocaba la guitarra como nadie. Con ella y su bien timbrada voz enamoró a Madelis, una linda morenita de piel canela que ayudaba en las tareas de la cocina del regimiento.

A Juan, las ordenanzas militares le prohibían acercarse a ella y a ella se lo prohibía su mamá de crianza y adopción, más estricta que un sargento. Profundamente enamorados, Madelis le hablaba con los ojos y Juan le declaraba su amor sin que nadie sospechase que cantaba solo para ella.

Aquella tarde, poco antes de entrar de guardia en la garita del acantilado, Juan, acompañándose con su guitarra, tarareó suavemente:

“A eso de la medianoche
vete a buscar a tu amor,
porque lejos de tus brazos
se le muere el corazón.”

Madelis entendió el mensaje. Llegada la hora, se levantó de la cama sigilosamente y salió de casa en busca de su amado. Cuando se encontraron, la noche se llenó de besos y palabras de amor, y decidieron huir lejos y vivir juntos para siempre. Juan se despojó de su uniforme, cartuchera y fusil y se vistió con unas ropas discretas que Madelis, previsora como todas las mujeres, había llevado consigo. Sin hacer el menor ruido, abandonaron la garita y caminaron hasta el amanecer hacia el interior de la isla, donde formaron su hogar. Quienes los conocieron aseguran que jamás se vio por aquellos pagos una pareja tan enamorada y feliz.

Aún hoy, junto a la garita del acantilado, en las noches de plenilunio, se escucha, por encima del rumor del mar, una risa alegre y joven envuelta en el rasgueo de una guitarra.

La burla de los enamorados para quienes fabularon la leyenda de “la garita del diablo”.


IMÁGENES: Fotograma de La Perla Negra, el buque pirata del capitán Jack Sparrow en la ficción de Walt Disney “Piratas del Caribe”. La imagen de los enamorados es un fragmento de un fondo de pantalla que se ofrece en internet.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El nombre del huracán

Plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro fueron, desde siempre, las tres actividades requeridas para dejar algo nuestro en el futuro del mundo. El presente nos ofrece una nueva y original oportunidad para trascender en la vida: dar nombre a una tormenta. 

Los meteorólogos comenzaron a asignar nombres a los huracanes, ciclones, depresiones y tormentas tropicales, en las Antillas, con el fin de facilitar la comunicación con el público y reducir la confusión sobre el fenómeno al que se estaban refiriendo. Durante siglos, se identificaron con el nombre del santo del día: por ejemplo, el huracán de Santa Ana, que azotó Puerto Rico el 26 de julio de 1825 o el de San Zenón, que asoló Santo Domingo el 3 de septiembre de 1930.

A finales del siglo XIX, un meteorólogo australiano utilizó por primera vez un nombre femenino para referirse a un huracán. Esta práctica, que logró consolidarse durante la segunda guerra mundial, se oficializó en 1950 y fue abandonada en 1978, cuando la Organización Mundial de Meteorología incluyó nombres alternos de hombres y mujeres en la lista de tormentas para el Pacífico Norte. Las listas se reciclan cada año y contienen un nombre por cada letra del alfabeto, excepto unas pocas que no se incluyen debido a los escasos nombres que comienzan por esa inicial.

Los nombres de los huracanes más destructivos –Mitch o Katrina, por ejemplo– se retiran y no pueden ser usados hasta pasados diez años. De este modo, se evita confundir una tormenta histórica con otra actual y, de paso, se facilitan las acciones legales, reclamaciones de seguros, etc. Cada nombre retirado se sustituye por otro que comience por la misma letra. Un buen ejemplo es el huracán Hugo, que se movió por el Caribe en 1989, devastando varias pequeñas islas al este de Puerto Rico, luego Puerto Rico mismo y más tarde Carolina del Sur. Fue reemplazado por el español Humberto

El fin de semana pasado despedimos con alivio a Tomas (sin acento) que hizo de las suyas en la República Dominicana y en nuestro vecino Haití. Los dos próximos serán, si llegan, Virginie y Walter, femenino y masculino respectivamente, con quienes finaliza la lista de nombres asignados para la temporada ciclónica actual.

En Europa, desde 1954, el Instituto de Meteorología de la Universidad Libre de Berlín se ocupa de bautizar cada perturbación atmosférica en ese continente, en el marco de una iniciativa que ofrece la oportunidad de participar activamente en la asignación de nombres. Por unos pocos euros, quien lo desee puede apadrinar un sistema de altas o bajas presiones.

Los años pares, las altas presiones llevan nombres masculinos y las bajas femeninos. La regla se invierte los años impares. Algunos son ya famosos, como Klaus y Cintia, que afectaron este año a España y a otros países del sur europeo.

Cuando asignamos un nombre no se modifica el tiempo
–obvio–, pero estamos realizando una contribución importante, con nuestro dinero, para mejorar la formación de futuros meteorólogos y, de paso, dejamos nuestra pequeña huella en la gran historia del mundo.

Que no es poco.


IMAGEN: El huracán “Igor” a su paso por Bermudas (Sep. 2010). Para asignar un nombre, favor contactar con el Instituto de Meteorología de la Universidad Libre de Berlín. La información está en inglés pero el procedimiento es muy sencillo.

sábado, 30 de octubre de 2010

Mis manos

Este texto fue escrito por mi hijo Jorge durante su visita
a uno de los centros para la educación de niñas sin recursos
que la Congregación de Santa Ana mantiene en la India.
Estoy seguro de que os gustará.

No hace mucho tiempo, tuve la suerte de disfrutar de la hospitalidad de las hermanas y las niñas de Ankur, en Bombay. Cuando llegué, la hermana Ana, de la mano, me enseñó mi habitación, el comedor, la casa... Desde entonces no he soltado esa mano.

Al atardecer jugaba con las niñas hasta que ya no podía más; nos sentábamos y nos mirábamos las manos. Mis manos son grandes, tengo los dedos largos. Las manos de las niñas de Ankur son pequeñas, oscuras, de deditos flacos. A mí me gustaban los tonos tostados de las manos de mis niñas y a ellas el color zanahoria de las mías. Yo podía atrapar cuatro o cinco de sus manos, pero ellas eran más.

Yo les hacía aviones y pájaros y sombreros de papel, y ellas me regalaban la expresividad de los bailes indios, y me enseñaban juegos de palmas, y yo, a cambio, sencillos trucos de juglares. Cuando me llevaban a los columpios, tres y cuatro manos tomaban las mías, a cada lado.

Las manos de mis niñas están hechas de lo mismo que las mías. Están hechas del mismo sol que castiga el mediodía indio mientras da los buenos días en España. Están hechas de la misma luna llena que baña la noche de Bombay, del mismo viento que se quita la bufanda y se queda en camiseta en Mira Road.

Las manos de mis niñas están hechas del mismo mar, porque las olas se saben la misma canción en las playas de India y en la Costa del Sol; de la misma lluvia que, durante el monzón, moja los patios de las casas indias, como los de las demás. Están hechas del mismo arroz que mira los trenes pasar, del mismo cariño de madre y de la misma madre tierra.

Mis manos tienen todo lo que quiero. Las manos de mis niñas están pidiendo en la cola de un slum que huele a diarrea y a perro muerto y a podrido. Un lugar que es pesadilla insoportable y patio único de juegos para muchas niñas indias, donde los habitáculos son más pequeños que el baño de mi casa, levantados con lo que yo tiro a la basura; slums junto a charcas de aguas negras, fecales e infectas, nido de enfermedades que no me caben en la cabeza. Mis niñas no saben que la lepra tiene cura, que no tiene por qué comerse sus deditos, esas manitas...

Las manos de la niña que pide chapati con tanta insolencia en la estación de Varanasi son las mismas que me pedían un caramelo a cambio de una sonrisa, a través de la verja de la puerta de Ankur. Las manitas que me peinaban y me trenzaban el pelo son las manos sin dedos de la leprosa de Dharamsala, que esboza una caricatura de sonrisa sin gracia de namaste.

Las manos que me preparaban el curry de pescado a la hora de comer son las mismas manos de esa mujer que fue noticia en las páginas interiores de los diarios, quemada viva por no poder satisfacer una dote más exigente, y que escriben con sangre y fuego -nunca fue más literal- la historia de la India. Las manitas deformes de ese chaval deforme que se agarra a mis pantalones en Paharganj, en Delhi, y que se arrastra con una botella de plástico vacía debajo del culo porque no puede caminar, son las mismas manitas tostadas, los deditos flacos que tomaban las mías en el patio de Ankur, cuando nos cansábamos de jugar.

Y ahora sé que las niñas indias, la gente que duerme en la estación, en las calles de Calcuta, debajo de sacos de plástico, y en tantas otras estaciones y calles de tantas otras ciudades de nombres tan exóticos y yo, somos la misma cosa.

Sólo tengo que mirarme las manos.


IMAGEN: Niñas hindúes en Ankur. Si quieres conocer detalles de estos centros o apadrinar a una niña, visita www.padrinos.org. Muchas gracias por tu apoyo.